miércoles, 30 de junio de 2010

La jugada maestra del capital

Este artículo sobre la economía española no tiene desperdicio. Está hecho por un español, conocedor y estudioso, profesor universitario. No pude dejar de incluirlo en este cuaderno.

La jugada maestra del capital
Una mirada disidente sobre las explicaciones oficiales de la crisis financiera europea que golpea especialmente a Grecia y España.
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Por Miguel Ángel Luque Mateo, Diagonal

“Ha llegado el momento de tomar ’decisiones valientes’ para salir de la crisis. Hay que recortar los gastos sociales, paralizar la inversión pública, congelar las pensiones, rebajar el sueldo de los funcionarios, abaratar el despido, aumentar la edad de jubilación y subir los impuestos. Todo ello, para ahorrar 65.000 millones de euros y reducir el déficit público del 11,5% al 3%, de aquí al 2013, como exige Europa”. Este es el discurso que se nos quiere imponer. Seguidamente expongo una visión distinta de esta crisis. Para ello, responderé a dos preguntas: 1ª ¿por qué tenemos un déficit público tan elevado? y 2ª ¿es justa la subida de impuestos? Por último, señalaré posibles vías de solución, desde la justicia social.

El alto nivel de endeudamiento de los Estados es consecuencia, en gran medida, de las millonarias ayudas públicas al sistema financiero. Recordemos que España creó un Fondo para la compra de activos bancarios supuestamente “no tóxicos” (50.000 millones €); aprobó el FROB para sufragar los costes de las fusiones e intervenciones de las cajas de ahorros (99.000 millones €) y autorizó avales a las entidades de crédito (227.000 millones €) para garantizar sus operaciones financieras. Todo ello, con la autorización de las instituciones no democráticas (Comisión Europea, Banco Mundial, FMI, Banco de España, etc.) y el voto, casi unánime, del Parlamento español. En total, sin contar los avales, se han aprobado ayudas públicas por importe de 149.000 millones de euros, cifra muy alejada de los 2.300 millones de euros anuales del cheque bebé o los 1.400 millones de euros que supondría la no congelación de las pensiones.


El Tesoro Público no disponía de ese dinero para dárselo a la banca. ¿De dónde ha salido, entonces? Pues de la emisión de Deuda Pública (letras del tesoro, bonos y obligaciones del Estado), que, en definitiva, consiste en pedir dinero prestado. Piénsese que, en los dos últimos años, se ha incrementado la deuda española en circulación en 192.881 millones de euros.

Paralelamente, se nos exige subir la tributación. No obstante, no todos los impuestos son igual de justos. Hay algunos que, por regla general, hacen pagar más a los ricos (los directos, que recaen sobre la obtención de renta y la posesión de patrimonios) y otros que no respetan tanto la capacidad económica (los indirectos, más centrados en el consumo). Pues bien, se están subiendo estos últimos y bajando los primeros, incluso en época de crisis. Mientras han aumentado los impuestos sobre “las gasolinas” y “el tabaco” y se ha incrementado el IVA (sin efecto para las empresas y los ricos que operan con ellas, porque se lo deducen), han bajado el Impuesto sobre Sociedades (por el que tributan las grades empresas y entidades de crédito), se ha suprimido el Impuesto sobre el Patrimonio (que pagaban sólo los ricos), han disminuido el tipo de gravamen a los banqueros y sus familiares, en importantes operaciones, y han creado un régimen fiscal privilegiado para las empresas de alquiler de los grandes patrimonios inmobiliarios (SOCIMI), normalmente en manos bancarias. Además, se ha mantenido la escandalosa tributación de las sociedades de inversión de las grandes fortunas (SICAV) en el 1%, frente al tipo máximo del 43% en el IPRF, que ahora pretenden aumentar algunas Comunidades Autónomas, aunque se trate de una medida dirigida sólo a los asalariados de clase media alta, con escasa capacidad recaudatoria y sin incidencia sobre las ganancias millonarias.

Piénsese que las personas y entidades verdaderamente ricas apenas pagan impuestos, porque tienen su dinero e inversiones en los paraísos fiscales, opacos al fisco. De hecho, el 69 por ciento de las empresas del Ibex 35 opera en estos territorios. Según algunas estimaciones, en estos centros se mueven unos 12 billones de dólares, que generan, a su vez, unos 660 mil millones de beneficios, lo que supone una pérdida de recaudación fiscal de unos 250.000 millones de dólares. Y desde aquí operan los famosos “hedge funds”, responsables del ataque a las economías de la zona euro, como la española.

Llegados a este punto, uno es consciente de la jugada maestra del capital y los mercados financieros. Durante años han obtenido unos beneficios extraordinarios con la especulación de las hipotecas “subprime”, sin pagar casi impuestos, a costa del endeudamiento del sector privado; cuando el sistema se desmorona, consiguen que el Tesoro Público salga a rescatarlos y les mantenga una fiscalidad privilegiada, con la ingenua promesa de reactivar el crédito a las empresas y los ciudadanos a los que tiene asfixiados. Y, por último, aprovechan la debilidad de los Estados, consecuencia del enorme esfuerzo que ha supuesto dicha ayuda, para colocarlos al borde de la quiebra y forzarlos a desmontar lo poco que queda del sistema de bienestar, empobreciendo injustamente a millones de personas, con la complicidad de las mismas instituciones no democráticas que permitieron aumentar el déficit público en beneficio de la banca.

Las posibles soluciones estructurales a esta situación, además de la apuesta de la sociedad civil por la banca ética, deben venir por cuatro vías: 1ª) la lucha efectiva por la desaparición de los paraísos fiscales; 2ª) la aprobación de una regulación de los mercados financieros que impida y obstaculice los ataques especulativos sobre nuestras propias economías, 3ª) el establecimiento de un impuesto que grave las transacciones financieras, en el marco de un sistema tributario justo y 4ª) la asignación redistributiva y eficaz del gasto público. Éstas sí serían verdaderas decisiones “valientes”.

Para finalizar, me referiré a las dos últimas mentiras que está proponiendo la Unión Europea: la creación de un impuesto a los bancos y la implantación de un gravamen a los movimientos financieros. ¡Que no nos engañen más, por favor! La segunda medida nunca se pondrá en marcha, al estar supeditada a la aceptación por todos los Estados, incluidos aquéllos que poseen paraísos fiscales, y la primera no puede calificarse como “tributo”, puesto que su recaudación no estará destinada a sufragar los gastos públicos, sino a la creación de un fondo bancario para rescatar a las entidades financieras en apuros, al no existir ya dinero público que las pueda salvar, una vez que se lo hemos dado todo y nos han dejado en bancarrota.
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* Profesor Titular de Derecho Financiero y Tributario de la Universidad de Almería

viernes, 25 de junio de 2010

La Escuela de Filosofía


Mi título universitario dice: Licenciado en Filosofía. Sí, LicenciadO, aún cuando hay evidencias suficientes de que soy mujer, empezando por el hecho de que mi nombre termina en A y eso en español es determinante de la definición de lo femenino, lo que paradójicamente también es masculino. Pero todo ese cuento ya forma parte de otra de mis historias de protesta, que todas ellas lo son. En todo caso es lo de la Filosofía por lo que esto viene al caso.

La Filosofía es una disciplina que, más que definirse como occidental, se debe definir como la que impone a Occidente como una estructura socio-económica de pensamiento imperial. La manera como piensa Occidente es Filosófica. Esto quiere decir que la estructura de funcionamiento imperial que hace que Occidente funcione fue claramente delineada desde sus inicios por la Filosofía. La Filosofía es la disciplina que inventa la ideología, es la que convierte a la religiosidad en la discusión sociológica mas importante, es la “forma de poder no político” por excelencia. Es donde surge la más importante de las creaciones aristotélicas: la Lógica, sobre la cual se acomodan todas las explicaciones que justifican las estructuras con grados, pasos, divisiones, estancos y todas las formas de ordenamiento, que históricamente se convirtieron en la justificación perfecta de que los más deben estar abajo y los menos arriba: porque la forma piramidal es LO LÓGICO, inclusive a simple vista parece como si se sostuviera sola, no requiere explicaciones mayores, porque parece natural. Y es allí cuando se equipara LÓGICO con NATURAL.

Y es por supuesto que los estudios de Filosofía existen todavía para justificar la naturaleza imperial de Occidente, disfrazados de “estudios de la historia del pensamiento”. Cuando tuve claridad cierta de todo esto, se me hizo evidente que yo no tenía nada que hacer allí, pero ya estaba terminando la carrera y tenía, como en las novelas de suspenso, un conocimiento guardado en secreto por siglos.
Ahora bien, en la historia ha habido occidentales que han tratado de divulgar ese secreto, haciendo evidentes las estructuras de funcionamiento de Occidente, a lo cual el sistema ha respondido con descrédito y con deshonra, lo que forma parte de la misma estructura lógica creada por Aristóteles: las falacias. Si el otro tiene un argumento contundente en contra del tuyo, ataca al hombre que formuló el argumento (es ladrón, es flojo, no es graduado, es negro): es uno de los tipos más usados de falacia en la actualidad. Así, en las escuelas de Filosofía, hacer una tesis sobre cualquier texto de Marx (quien por ejemplo, además de inventar el comunismo, era judío y resultó no siendo exactamente filósofo sino político), puede ser una carrera muy cuesta arriba. Pero de Marx no pueden sino evitar hablar lo máximo posible, porque es demasiado contundente desde el punto de vista de la historia de Occidente. Lo que no pasa con Gramsci o con Bordeieu y ya ni se diga cuando se trata de no occidentales, como un tal Simón Rodríguez o un tal José Ingenieros o un tal José Carlos Mariátegui, los cuales son despachados olímpicamente con abierta sorna, aún cuando los que lo hacen no hayan escrito sino tres artículos de cuartilla y media cada uno, en toda su vida académica; pero esa claro, es otra vez, otra discusión.

Ahora bien, las escuelas de Filosofía del país fueron creadas por gentes con pensamientos de izquierda, lo que hacía que fueran sitios de pensamiento revolucionario o al menos progresista. Fue por eso que salieron muchos protestatarios de allí. Pero a partir de los años noventas del siglo pasado, los nuevos “amos del valle” se dieron cuenta de ese pequeño detalle y el curriculum de las dos Escuelas de Filosofía de las universidades gratuitas de Venezuela empezó a ser cambiado sin mucho aspaviento. De hecho, hay una universidad privada, en la que ya no se llama de Filosofía, sino de Liberales, lo que en su nombre dice lo que es su diseño curricular: pero eso se justifica porque es una universidad privada, pagada en gran parte, por los ricos del país, aunque haya muchos que no son ricos en absoluto.

En la actualidad, nuestra Escuela de Filosofía de la Universidad Central de Venezuela está diseñada para justificar el imperio, es decir, para justificar la desaparición del pueblo venezolano, que en su gran mayoría forma parte de la “población sobrante” del mundo. Lo increíble es que es el pueblo venezolano, con su PIB el que paga por ella.

Supongo que algún momento, los revolucionarios habremos de acabar con esa “escuela” o de cambiarla por completo. Yo voto por cerrarla y abrir una que se llama “Escuela de Pensamiento Crítico”.

jueves, 24 de junio de 2010

Espiritrompa



Ayer vi "La lengua de las mariposas", que es una película del año 1999 sobre un libro de 1996; supongo que ese era el momento en que empezaba aquel intento de hacer justicia por las injusticias de la época franquista; supongo también que los que iniciaron todo aquello no sabían que se iban a topar contra el muro del miedo que convierte a las personas en mierda.

Hay algunas épocas en la vida en que no he estado preparada para enfrentarme con argumentos que demuestran el asco que puede llegar a dar el ser humano. Esta es una de esas épocas; debe ser por eso que cuando terminó la película sentía como si me iba a desmayar del dolor, de la pena, del asco, de la vergüenza.

Pero agradezco haberme enterado que las mariposas tienen lengua y que se llama Espiritrompa. La naturaleza es tan bella!!!

martes, 15 de junio de 2010

Desarrollo humano vs. PIB


Como ahora TODOS en este país, aún los analfabetas funcionales, tienen dónde publicar cualquier panfleto que sean capaces de garrapatear, tenemos la dicha de leer exigencias tales como que a los pensionados sobrevivientes, que antes de la Revolución Bolivariana eran invisibles hasta para las protestas, deben pagarles el retroactivo desde el año 1999 (me pregunto yo: ¿por qué no desde 1975 ó desde 1920 ó desde la independencia ó desde la colonia ó desde antes… al producirse la noticia?); o demandas tales como el aumento del PIB (supongo que a los actuales niveles de los de las verdaderas democracias europeas, ¿no?).

Ironías aparte, sería bueno, digo yo, reflexionar sobre la inclusión social (a diferencia del crecimiento económico, que es lo que mide el PIB), como una categoría relativamente nueva en las ciencias sociales, en la economía y en la “gerencia pública”. La inclusión social, más específicamente su opuesto, la exclusión social es una categoría que comenzó a utilizarse a mediados de los años setenta. En cambio el crecimiento económico es un tema de la economía política que viene desde los clásicos. La inclusión social busca incorporar al conjunto de la población a la posibilidad del desarrollo, que en la economía clásica está circunscrito al capital. Con la inclusión social se pretende que el Estado garantice el acceso a sus beneficios a los más desvalidos, lo que significa implementar un sistema de instituciones sociales que estén a disposición de satisfacer las necesidades de la población.

Uno de los desafíos más importantes del proceso de cambios denominado la Revolución Bolivariana es garantizar la inclusión social de los sectores tradicionalmente excluidos. Pero si bien es verdad que la estrategia de desarrollo que ha asumido la Revolución Bolivariana está dirigida a la creación de un sistema de inclusión social, que implica un cambio radical del entramado de las relaciones sociales que determinan la satisfacción de las necesidades sociales y la distribución de la riqueza y del ingreso; es evidente también que al principio hubo que concentrar los esfuerzos en las misiones sociales, como táctica para combatir la vieja institucionalidad, en la que había enquistada una forma de burocratismo que en principio no hubiera permitido la inclusión social de forma masiva y acelerada. Ello no solo impactó positivamente la inclusión de las grandes mayorías de la población venezolana, sino que permitió las primeras modificaciones en la estructura y la dinámica distributiva.

Pero la inclusión social definitiva requiere de un aumento geométrico del nivel de empoderamiento de las comunidades y del paulatino traspaso del poder tanto económico como político desde las instituciones hacia los que verdaderamente conocen los problemas y las formas más adecuadas de solucionarlo, que son las mismas comunidades. Para ello es impostergable compatibilizar la experiencia, la sensibilidad y el conocimiento técnico de los servidores públicos con disposición al cambio con la construcción de una nueva institucionalidad pública que incluya el nuevo modelo de participación popular, que entienda a los líderes comunales como gestionadores sociales, más que como gerentes (que remite a la discusión económica más que a la social), que abunden en el aseguramiento y reproducción del disfrute de los derechos sociales fundamentales.

Pero además es menester la elaboración tanto de instrumentos alternativos de medición de las condiciones socioeconómicas de la población, que permitan evaluar efectivamente el impacto de las políticas dirigidas a potenciar la inclusión social como la creación de un lenguaje completamente nuevo, que pueda dar cuenta de las nuevas relaciones y los nuevos procesos que se están dando y de sus resultados, desde el punto de vista cuantitativo, pero especialmente que mida el cambio cualitativo, que implica el cambio de las relaciones subjetivas entre los hombres con sus colectivos y entre ellos.

Ahora bien, por otro lado es necesario replantearse las elaboraciones colectivas sobre las necesidades individuales a satisfacer prioritariamente. Es necesario recrearnos como seres humanos nuevos, prestos a la solidaridad, a la honestidad, al amor. Impera la necesidad de ponernos en los zapatos del otro, que es la única posibilidad de identificación que tenemos, a fin de que el dibujo sobre la sociedad nueva que queremos sea de verdad nueva, justa, igualitaria, humana. Porque mientras sigamos midiendo nuestra economía con las medidas de la economía capitalista y mientras nuestras necesidades sigan siendo las mismas que las de los mercados capitalistas, seguirá pareciendo que nuestras condiciones están en desventaja con respecto a las economías del primer mundo.

Y a decir verdad, no es que nos interese demasiado lo que a los ojos de los capitalistas podamos parecer; es que de acuerdo al funcionamiento de nuestro cerebro es bueno tener argumentos lingüísticos con los que convencernos a nosotros mismos de que lo nuestro es mejor porque está funcionando.

viernes, 11 de junio de 2010

Estamos de futbol


Hoy empieza el futbol.

Empieza de luto por la extraña muerte de la nieta de Mandela pero no será por eso que se pare, porque el show debe continuar.

Mi equipo favorito no está, así que no voy a nadie, que gane el que la suerte y el dinero favorezcan.

El deporte debería ser lo común, lo diario, lo normal; pero es una fiesta a la que solo pueden asistir los que tienen para pagar las entradas mas caras del planeta.

Hoy habrá un letrero en muchas puertas: Estamos de futbol!!!

miércoles, 9 de junio de 2010

Mata a un turco y descansa


Este artículo no tiene desperdicio, sobre todo porque es hecho por un judío israelí, al que nadie puede acusar de antisemita.

Mata un turco y descansa
07-06-2010

Uri Avnery
Gush-Shalom

Traducido del inglés por Carlos Sanchis y revisado por Caty R.

En alta mar, fuera de las aguas territoriales, el buque fue detenido por la armada. Los comandos lo asaltaron. Cientos de personas en cubierta resistieron a la fuerza de los soldados. A algunos pasajeros los mataron y decenas de ellos resultaron heridos. El buque fue llevado a puerto y los pasajeros desembarcados a la fuerza. El mundo los vio andando por el muelle, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, todos ellos cansados, unos tras otros, todos marchando entre dos soldados…
El buque se llamaba “Éxodo 1947”. Salió de Francia con la esperanza de romper el bloqueo británico impuesto para impedir que barcos cargados con supervivientes del Holocausto llegaran a las costas de Palestina. Si se les hubiera permitido alcanzar el país, los inmigrantes ilegales habrían llegado a tierra y los británicos los habrían enviado a campos de detención en Chipre, como habían hecho antes. Nadie habría hecho caso del episodio durante más de dos días.

Pero la persona al cargo era Ernest Bevin, un líder del Partido Laborista, un ministro británico arrogante, rudo y amante del poder. No estaba dispuesto a que un puñado de judíos le dictara. Decidió darles una lección y que el mundo entero fuera testigo. “¡Esto es una provocación!”, exclamó, y por supuesto estaba en lo cierto. El objetivo principal, en efecto, era hacer una provocación para atraer los ojos del mundo al bloqueo británico.

Lo que siguió es bien conocido: el episodio se arrastró sin parar, una estupidez llevó a la otra, el mundo entero simpatizó con los pasajeros. Pero los británicos no cedieron y pagaron el precio. Un precio muy alto.

Muchos piensan que el incidente del “Éxodo” fue el punto de inflexión en la lucha para la creación del Estado de Israel. Gran Bretaña sucumbió bajo el peso de la condena internacional y decidió entregar su mandato sobre Palestina. Hubo, por supuesto, muchas otras razones de peso para esta decisión, pero el “Éxodo” resultó la gota que colmó el vaso.

No soy el único que se ha acordado de aquel episodio esta semana. En realidad fue casi imposible no acordarse de él, especialmente para aquellos de nosotros que vivíamos en Palestina en aquel tiempo y fuimos testigos del mismo.

Por supuesto hay importantes diferencias. Entonces los pasajeros eran supervivientes del Holocausto, esta vez eran activistas de la paz de todo el mundo. Pero entonces y ahora el mundo ha visto soldados armados atacando brutalmente a pasajeros desarmados que resistieron con todo lo que tenían a mano, palos y las manos desnudas. Entonces y ahora ha ocurrido en alta mar; a 40 kilómetros de la costa entonces, ahora a 65 kilómetros.

En retrospectiva, la conducta británica a lo largo del asunto parece increíblemente estúpida. Pero Bevin no era tonto, y los oficiales británicos que comandaron la acción no eran bobos. Después de todo acababan de finalizar una guerra mundial en el bando vencedor.

Si se comportaron con total necedad de principio a fin, fue el resultado de la arrogancia, la insensibilidad y su infinito desprecio por la opinión pública mundial.

Ehud Barak es el Bevin israelí. No es un tonto, ni tampoco lo son los jefazos. Pero son responsables de una cadena de actos de estupidez cuyas desastrosas implicaciones son difíciles de cuantificar. El ex ministro y actual comentarista Yossi Sarid, llamó al “comité ministerial de los siete” que decide en asuntos de seguridad “siete idiotas”; Me veo obligado a protestar. Es un insulto a los idiotas.

Los preparativos de la flotilla han durado más de un año. Cientos de mensajes por correo electrónico fueron y vinieron continuamente. Yo mismo recibí varias docenas. No era ningún secreto. Todo se hizo abiertamente.

Hubo mucho tiempo para que todas nuestras instituciones políticas y militares se prepararan para la llegada de los buques. Para consultar a los políticos, entrenar a los soldados e informar a los diplomáticos. Para que el personal de inteligencia hiciera su trabajo.

Nada ayudó. Todas las decisiones fueron erróneas desde el primer momento hasta ahora, Y aún no han acabado.

La idea de una flotilla como medio para romper el bloqueo roza la genialidad. Pone al gobierno de Israel en un dilema; tiene que elegir entre varias alternativas, todas malas. Cualquier general sueña con poner a su enemigo en una situación semejante.

Las alternativas eran:

Permitir a la flotilla que llegase a Gaza sin obstáculos. El secretario del gabinete apoyó esta opción. Esto habría llevado al fin del bloqueo, porque tras esta flotilla habrían llegado más y más grandes.

Parar los barcos en aguas territoriales, inspeccionar su carga, asegurarse de que no transportaban armas o “terroristas” y después dejarles continuar su viaje. Esto hubiera suscitado algunas vagas protestas en el mundo pero manteniendo el principio del bloqueo.

Capturarlos en alta mar y llevarlos a Ashdod, arriesgandóse a una batalla cuerpo a cuerpo con los activistas a bordo.

Como siempre han hecho nuestros Gobiernos cuando se enfrentan a la elección entre varias alternativas malas, el gobierno de Netanyahu eligió la peor.

Cualquiera que siguiera los preparativos como informaban los medios de comunicación habría previsto que esa elección causaría muertos y heridos. Nadie ataca a un buque turco y espera que lindas niñas les regalen flores. Los turcos no tienen fama de ser gente que se rinda fácilmente.

Las órdenes que se dieron a las tropas y se han hecho públicas incluían las tres palabras fatídicas “a cualquier precio”. Cualquier soldado sabe qué significan esas tres terrible palabras. Además, en la lista de los objetivos, la consideración por los pasajeros sólo aparecía en tercer lugar, tras la salvaguardia de la seguridad de los soldados y el cumplimiento de la tarea.

Si Benjamín Netanyahu, Ehud Barak, el Jefe de Estado Mayor y el comandante de la armada no entendieron que el asalto conduciría a la muerte y heridas de personas, entonces debemos llegar a la conclusión –incluso aquellos que se resistían a reconocerlo hasta ahora- de que son burdamente incompetentes. Hay que informarles, con las palabras inmortales de Oliver Cronwell al Parlamento: “lleváis sentados demasiado tiempo para el bien que hacéis últimamente… Marchaos, os digo, y dejadnos que lo hagamos por vosotros. Por Dios, ¡marchaos ya!”

Este hecho apunta nuevamente a uno de los aspectos más serios de la situación. Vivimos en una burbuja, en una especie de gueto mental que nos aisla y nos impide ver otra realidad, la que percibe el resto del mundo. Un psiquiatra podría juzgar esto como el síntoma de un grave problema mental.

La propaganda del Gobierno y el ejército cuenta una historia simple: nuestros heroicos soldados, decididos y sensibles, lo mejor de lo mejor, descendieron al barco para “hablar” y fueron atacados por una muchedumbre violenta y salvaje. El portavoz oficial repitió una y otra vez la palabra “linchamiento”.

El primer día casi todos los medios de comunicación israelíes aceptaron esto. Después de todo está claro que nosotros, los judíos, somos las víctimas. Siempre. Esto también se aplica a los soldados judíos. En realidad atacamos a un barco extranjero en la mar, pero nos convertimos al mismo tiempo en víctimas que no tuvieron otra elección que defenderse contra los violentos e incitados antisemitas.

Es imposible no acordarse del clásico chiste judío sobre la madre judía en Rusia despidiendo a su hijo al que habían llamado para servir al Zar en la guerra contra Turquía. “No te esfuerces demasiado” le imploraba, “mata a un turco y descansa. Mata a otro turco y descansa de nuevo…”

“Pero madre,” le interrumpió el hijo, “¿y si el turco me mata a mi?”

“¿A ti?” exclama la madre, “¿pero por qué? ¿Que le has hecho tú a él?”

Para cualquier persona normal, esto debe parecer de locos. Soldados fuertemente armados de una unidad de comandos de élite abordan un barco en alta mar, en medio de la noche, desde el mar y desde el aire y ¿son las víctimas?

Pero algo de verdad hay: son víctimas de la arrogancia y de la incompetencia de sus mandos, de políticos irresponsables y de los medios de comunicación a los que alimentan. Y en realidad de la opinión pública israelí, puesto que la mayoría de la gente votó por este Gobierno o por la oposición, que no es diferente.

El asunto del “Éxodo” se ha repetido pero con un cambio de papeles. Ahora nosotros somos los británicos.

En algún lugar, un nuevo León Uris está planeando escribir su próximo libro, “Éxodo 2010”. Un nuevo Otto Preminger está planeando una película que se convertirá en un gran éxito. Un nuevo Paul Newman la protagonizará; después de todo no hay escasez de actores turcos con talento.

Hace más de doscientos años, Thomas Jefferson declaró que toda nación debe actuar con un “respeto decente por las opiniones de la humanidad”. Los líderes israelíes nunca han aceptado la sabiduría de esta máxima. Se adhieren al dictamen de David Ben Gurión: “No es importante lo que dicen los gentiles, sino lo que hacen los judíos”. Quizás suponía que los judíos no actuarían neciamente.

Convertirnos en enemigos de los turcos es más que una tontería. Durante decenios Turquía ha sido nuestro mejor aliado en la región, mucho más cercano de lo que se sabe en general. Turquía podría jugar en el futuro un importante papel como mediador entre Israel y el mundo árabe-musulmán, entre Israel y Siria y, sí, incluso entre Israel e Irán. Quizás ahora hemos conseguido unir al pueblo turco contra nosotros; y algunos dicen que ése es el único asunto en el que ahora están unidos los turcos.

Éste es el segundo capítulo de la operación “Plomo Fundido”. Entonces levantamos contra nosotros a la mayoría de los países del mundo, conmocionamos a nuestros escasos amigos y alegramos a nuestros enemigos. Ahora lo hemos vuelto a hacer y quizás con más éxito. La opinión pública mundial se está volviendo contra nosotros.

Es un proceso lento. Se parece a la acumulación de agua en una presa. El agua sube lenta, tranquilamente, y el cambio apenas es perceptible. Pero cuando alcanza un nivel crítico la presa revienta y el desastre está sobre nosotros. Nos acercamos sin pausa a ese punto.

“Mata a un turco y descansa,” dice la madre del chiste. Nuestro gobierno nunca descansa. Parece que no va a parar hasta que haya convertido en enemigo al último de nuestros amigos.

(Partes de este artículo se publicaron en Ma’ariv, el segundo periódico de mayor tirada de Israel.)

Fuente: http://zope.gush-shalom.org:80/home/en/channels/avnery/1275739480/

lunes, 7 de junio de 2010

El miedo al cambio


El humano es un animal de costumbre, dicen por ahí. Es por eso que se acostumbra a que lo maltraten y se acostumbra a que lo vejen y se acostumbra a que lo humillen y a pasar hambre y tribulaciones y se acostumbra a ver sus hijos morirse de mengua. Eso dicen por ahí, pero no es cierto.

No es cierto que animal alguno se haya acostumbrado a la muerte. Mucho antes de acostumbrarse se mueren. Vemos animales al borde de la muerte que todavía luchan por seguir vivos. Y vemos muchos que viven toda la vida al borde de la muerte, pero viven.

Porque la vida está hecha para reproducirse, para seguir viviendo, para sobrevivir. Incluso ante las varias extinciones masivas que ha sufrido la vida en la tierra, ella se ha sobrepuesto y ha vuelto a aparecer. La vida ha sobrevivido a la muerte, inclusive a costa de la muerte misma.

Por lo tanto, es mentira que los animales se acostumbren a la muerte, al dolor, al sufrimiento. Los animales humanos han demostrado a lo largo de su historia que no se acostumbran al mal, que buscan la sobrevivencia. De ello son muestra todos los adelantos científico-tecnológicos; y además toda la reflexión teológico-filosófica y la creación artística.

Y sobre todo, es por eso la invención de las utopías, de los sueños. El ser humano ha inventado para sí la mente, que ha sido capaz de convertirnos en seres en constante transformación individual y colectiva, inclusive biológica, porque es evidente que hemos sido nosotros mismos los que hemos incrementado nuestras expectativas de vida de menos de 30 años a casi 80 en menos de 20.000 años, lo que se considera un tiempo sumamente corto si de evolución natural se está hablando.

Por tanto, el miedo al cambio no es natural. El ser humano no es un animal de costumbre; es un animal de sueños, de cambios, de evolución, de vida. Nos sobreponemos a lo más cruel, al sufrimiento, al peligro y seguimos adelante. Si no, no existieran los deportes de alta competencia: la pared en la carrera, por ejemplo. Seguimos hacia delante para vencer todos los obstáculos.

Un obstáculo a vencer en la actualidad: el capitalismo.

Venceremos!!!

¿Que si hay algo que proteger?

¿Que si hay algo que proteger?
Los niños

Las mujeres

Los animales