miércoles, 28 de julio de 2010

Nosotros: los grancolombianos


Los desconocedores de la historia de la Venezuela del siglo XIX y XX leemos con inusitado asombro que nuestro país nombró varias veces representantes extranjeros (en su mayoría norteamericanos), en varias de las oportunidades que hubo de entablar negociaciones con terceros, por uno u otro motivo. Eso mantuvo muy complacidas a las “potencias” mundiales durante toda la segunda mitad del siglo XIX y casi todo el siglo XX, porque pudieron negociar entre ellos, guardando buena cuenta de sus intereses y a la vez, restando soberanía a nuestra nación, lo que cada día nos hizo más dependientes y vulnerables.

Ahora bien, entrado este siglo XXI, Venezuela ha logrado posicionarse en un puesto privilegiado en los movimientos de la geopolítica, no solo por poseer el territorio con la mayor reserva petrolera en el mundo, sino además por no estar dispuestos a seguir dejando que sean terceros los que negocien por nosotros. La Revolución Bolivariana del Siglo XXI ha cambiado la cara de la geopolítica en este lado del planeta y probablemente ha contribuido a cambiarla en el otro extremo también. Porque no se puede negar que los chinos están tan dispuestos a hacer negocios con Venezuela, porque su estrategia consiste en convertirse en uno de los polos de la economía mundial, lo que solo lograrán si tienen acceso total a la energía fósil de que nuestro país puede proveerlos, sin ningún problema, de aquí a cien años.

Ahora bien, ya parece que tenemos claro que para convertir éste en un mundo mejor, debemos convertirnos en países con la mayor cantidad de felicidad posible, lo cual pasa porque todos, o al menos las grandes mayorías, tengan las necesidades básicas satisfechas, lo que nos permitirá convertirnos en comunidades creadoras de riquezas, tanto tecnológicas como espirituales, que abunden en el desarrollo de nuestra personalidad colectiva. Pero para que eso sea posible, Venezuela debe desarrollar sus fuerzas productivas y ayudar a desarrollar las del continente latinoamericano todo, lo que nos convertiría en otro de los grupos de decisión del planeta.

Es por eso que habrá que ponerse de acuerdo a nivel regional, con respecto a ganarse el derecho a que nuestra moneda (el Sucre) sea otra de las monedas referenciales, primero del comercio y después de las finanzas mundiales. En estos momentos, en que Rusia acaba de proponer cinco monedas referenciales para acabar con la hegemonía del dólar y con la cochinada forjada en Bretton-Woods, Latinoamérica debe levantar su voz para que sepan que no permitiremos que nos sigan considerando naciones menores de edad ni que nos sigan nombrando representantes, porque nosotros somos capaces de negociar nuestras propias negociaciones.

Es bien sabido que organismos multilaterales como la OEA solo servirán en adelante (como lo han hecho hasta ahora) para lastrar el desarrollo de la nación Gran-americana; es por eso que es de tan vital importancia desarrollar instituciones como UNASUR, que en principio puede servir para mostrar músculo al planeta, mientras la ALBA hace el trabajo del desarrollo económico necesario, para que nuestros hermanos que no tienen tantos recursos naturales se beneficien de los que tenemos más, mientras logramos que nuestros pueblos se llenen de soberanía, justicia social y solidaridad.

Tenemos que acabar con la guerra en Colombia. Hay que terminar con el hambre en Haití. Debemos parar con las injusticias en el continente y en el planeta entero, porque como dijo Andrés Eloy Blanco, “cuando se tienen dos hijos se tienen todos los hijos de la tierra” … y todos, mis hermanos, somos hijos del mismo padre: Bolívar.

jueves, 22 de julio de 2010

Relatos de conspiración


Hechos

1. El día que Kim Yong Il salió del aburrido aislamiento en el que vive, para dirigirse en su tren hacia Beijing, algunos analistas internacionales dijeron que era para jurarle a Hu Jintao que él no tenía nada que ver con el hundimiento de la corbeta surcoreana. Pareciera extraña la idea de que el gobierno chino y el norcoreano estuvieran mostrando músculo al mundo, publicitando lo letal que podía ser esa alianza, pero esa fue la impresión que me dio, al ver que después de alguna pataleta televisada del gobierno sur-coreano, todo pareció haberse subsanado con una nota de protesta diplomática, firmada por todos y dirigida a nadie.

2. Inmediatamente después veíamos que el primer ministro japonés renunciaba, forzado a aceptar la extensión del período permitido para la estadía de la base naval norteamericana en Okinawa, lo cual pudiera abundar en que los japoneses y sus poderosas empresas trasnacionales se mantengan un tiempo más fuera del juego estratégico por la hegemonía del poder mundial, lo que al final conviene a tirios y troyanos. A la vez, tenían lugar algunos movimientos enigmáticos de alta diplomacia, de los cuales los más llamativos fueron el cuadre de China y de Rusia en el Consejo de Seguridad de NU para permitir las medidas contra Irán.

3. Días después algunos movimientos tácticos, que a la ligera podrían parecer más publicitarios que bélicos: el corredor aéreo permitido e inmediatamente “despermitido” por Arabia Saudí para volar a Irán desde Israel; las maniobras militares sur-coreanas-norteamericanas en el Mar Amarillo suspendidas después de la pública advertencia china; los movimientos de tropas norteamericanas y de equipos y armamentos desde el Mediterráneo, pasando por Suez hacia Ormuz; y por fin, las maniobras militares de China en territorio pakistaní, aliados históricos de los norteamericanos en el oriente medio. Parecía que unos y otros estaban haciendo pulso, pero sin intentos reales por ganar (todos los que no somos amebas en este mundo sabemos que en la actualidad esos juegos son de TIC TAC TOE, es decir, de nadie gana).

4. Para terminar de armar el borde del rompecabezas, se suceden: el reajuste del yuan, que aunado a la noticia de que ese país sobrepasó a Estados Unidos en consumo energético el año 2009, posiciona definitivamente en el juego capitalista a la gigantesca y creciente economía china; y la destitución de un general gringo, que pretendiendo pensar, se puso a declarar que los Estados Unidos necesitaban ser más enérgicos contra los enemigos.

Conclusión

Toda la situación permite suponer que hay un reacomodo geopolítico del capital mundial, en el que China se devela como uno de los nuevos polos económicos de la hegemonía mundial.

Otra conclusión

Estados Unidos cuenta con el parque armamentístico más grande del mundo, con una diferencia abismal del segundo. Pero detrás de ese hecho, parece asomarse la guerra que libran a diario los dueños del Capital contra sus militares: si bien deben venderles la idea de que ellos son los cancerberos llamados a cuidar al mundo de los comunistas, terroristas y narcotraficantes, al mismo tiempo deben mantener la cadena suficientemente corta, para que no se vuelvan locos y se pongan a hacer estupideces sin su permiso explícito: los amos saben que el perro puede acabar con el negocio si mata los clientes.

Y los chinos, que se saben lejos de poder competir con los gringos cara a cara, parecieran estar jugando a meter el dedo en los oídos a sus deudores. A eso puede deberse que a la vez que pactan, amenazan y sobre todo, no se dejan amedrentar.

Y otra conclusión

Del otro lado se encuentran Europa y Rusia actuando a la saga: o se ubican como aliados de un bloque o de otro, como cualquier país del tercer mundo o se conforman en un bloque independiente, cuyo poder sería más simbólico que otra cosa. Ya se ven algunos movimientos diplomáticos que parecieran ir en esa vía. El silencio impenitente de NU ante el brutal ataque de Israel contra un barco cargado de ayuda humanitaria para Gaza, a la vez que los viajes de la cancillera europea advirtiendo que no cejará en su empeño hasta que se abra la Franja de Gaza; la “recomendación” del parlamento europeo al presidente de Georgia sobre dejar “de ese tamaño” el caso Osetia y Abjasia, después del no veto de Rusia a las medidas contra Irán; y las conversaciones del gobierno del Reino Unido, que parece estar pidiendo permiso para retirarse de las invasiones a Irak y Afganistán, sin perder las prebendas económicas.

Epílogo

La historia siempre ha sido escrita por los ganadores. Vale la pena preguntarse si no estamos ya, desde hace algún tiempo, ante los nuevos ganadores; y si quedará algo sobre lo cual escribir.

martes, 20 de julio de 2010

Un cuento de bananas y reyes católicos


Hasta hace más o menos doce años, el común de los súbditos de aquel reino bananero, de cuyo nombre no quiero acordarme, suponían que el colapso económico que habían estado sufriendo por alrededor de 10 años era porque los precios internacionales del banano estaban por el suelo: eso era lo que les decían todos los días por la televisión, aquellos que “sí” sabían sobre el tema del banano.

Como todo buen gerente, una de las primeras cosas que hizo el Rey electo en diciembre de 1998, cuando tomó posesión del cargo por primera vez, fue preguntar por el presupuesto del reino, supongo que para planificar un acto de magia para pagar los sueldos de la administración pública de ese año. La que en ese momento era la Ministra de Finanzas saliente le explicó que los ingresos del reino eran básicamente de dos tipos: tributarios y no tributarios. El impuesto sobre la renta bananera que paga la Empresa Nacional del Banano anualmente, forma parte de los ingresos tributarios de la nación; y el producto de la venta del banano (que es la renta sobre la que se pagan los impuestos) forma parte de los ingresos no tributarios.

El Rey entonces llamó al organismo encargado de los Impuestos y preguntó cuánto dinero se podía recaudar ese marzo: la gerencia de la institución le llevó las cuentas. No era mucho, porque la industria bananera, que conformaba el mayor aporte en ingresos tributarios, apenas pagaba 0,5% de la renta por las ventas de la banana y los precios andaban por el suelo … Entonces el Rey llamó al Parlamento y conminó a los loros, perdón, a los lores, a que escribieran y aprobaran una nueva Ley de Bananos que aumentaba los impuestos bananeros, a 30% primero y después a 50%. Y así se hizo y con eso se solucionaba el problema del gasto público, es decir, ya había cómo pagar los sueldos de los funcionarios del Estado. Faltaba solucionar el problema del desarrollo del reino.

Llamó entonces a la Empresa Nacional del Banano y preguntó cuánto dinero se podía recaudar ese año por las ventas del banano: le repitieron que muy poco porque los precios estaban muy bajos. Entonces el Rey viajó a todos los países bananeros, para negociar el recorte de la producción, a fin de provocar el alza de los precios del banano. Hecho esto, volvió a llamar a la Empresa Nacional del Banano varios meses después y volvió a preguntar: y ahora cuánto?. Pero la respuesta seguía siendo esquiva porque las matas, que si las frutas, si los duraznos, o las manzanas, la mucha agua, la poca sombra, las garrapatas, la mala uva … y después de mucho tiempo, el Rey de aquella nación bananera entendió que había destapado algo parecido a aquella tan manoseada caja de Pandora: el presidente y los directores de la Empresa Nacional del Banano llenaron informes inentendibles, balbucearon justificaciones injustificables y al fin, amenazaron con el poder de su autoridad técnico-moral, cuando se vieron conminados una y otra vez a responder, pero nadie parecía poder dar una sola cifra sobre la renta de la industria bananera.

Y tras la insistencia del Rey, decidieron llevar a cabo una gran huelga de gerentes y de un gigantesco sabotaje, ordenando a los bananos no crecer ni un centímetro sin su permiso; pero los bananos se rebelaron y después de dos meses de guerra sin cuartel, el Rey pudo al fin descubrir cuánto era el ingreso real de la industria bananera nacional. Resultó que los bananos se vendían más y mejor de lo que todos creían y resultó que la renta bananera solo había estado siendo utilizada para mantener la estructura de costos de las casas y oficinas y vacaciones y estudios de la nómina mayor de la Empresa Nacional del Banano.

Sabido esto, estaba lejos de terminarse los problemas. El Rey hubo de luchar contra los gerentes del Banco Central del reino, que empezaron a insistir en que toda la renta del banano debía ir a sus arcas para ser ahorradas, porque eso era lo que decía la ley. Entonces hubo que hacer otra Ley del Banco Central, para que lo que se ganaba por las ventas del banano pudiera servir para comprar la comida para los súbditos y para hacer hospitales y para construir escuelas y casas y carreteras. ¡¡Para eso estaba el banano!!!, gritaba el Rey.

Y cuando al fin, la gente en la calle empezó a comer carne y leche y arroz y vegetales todos los días; y empezaron a ir a hospitales que empezaban a estar en condiciones mínimas; y empezaron a mandar a sus hijos a las escuelas en las que comían y a las nuevas universidades; y empezaron a montarse en trenes y a tener casas y a viajar por nuevas carreteras; y los viejos a cobrar sus pensiones de viejos; y las mujeres a cobrar sueldos por su trabajo doméstico: todo ello pagado con los ingresos por las ventas de los bananos, entonces los cardenales católicos empezaron a gritar: Herejes!! Herejía!! ¡¡Quieren convertir a los pobres en gente sana!!! ¡Auxilio!! ¡¡Pretenden que haya justicia social!! ¡NOOO!!! ¡¡Comunismo!! ¡¡Quieren que la gente coma y que los pobres vayan a la universidad!! ¡¡Herejeeeees!!!

Y ya un poco cansado de tanto idiota suelto, el Rey miró largamente al Cardenal y dijo: ¡Cardenal, vayan ustedes a lavarse bien ese c…. paltó!

Epílogo

Después de muchas conversaciones con el Rey, la mayoría de la gente en aquel país bananero descubrió porqué los ricos propios se portan así: los ricos bananeros no son verdaderos ricos: se conforman con las dos lochas que colectan vendiendo bananas, a diferencia de los ricos de verdad que están constantemente pensando cómo pueden hacer más ricos a sus países para ser ellos más ricos.

Entonces la mayoría de la gente decidió seguir trabajando con su Rey para desarrollar el país (aunque los ricos bananeros hubieran querido quedarse bananeros … probablemente para no tener que competir con los ricos de verdad).

martes, 6 de julio de 2010

Venezuela: independencia y soberanía verdaderas


Todos los días 5 de julio, los venezolanos celebramos la firma del Acta de la Independencia en el año 1811. La historia nos cuenta que la Junta Suprema de Caracas convocó a la soberanía popular, llamando a un congreso de delegados de las Provincias de Venezuela, tomando en cuenta que desde 1808 la autoridad del Rey había sido depuesta por Napoleón. La instalación del Primer Congreso de Venezuela, el 2 de marzo de 1811, se realizó con la representación de 7 de las 10 provincias que componían la Capitanía General de Venezuela: Caracas, Cumaná, Barinas, Margarita, Mérida, Barcelona y Trujillo. Luego de las múltiples argumentaciones a favor y en contra de la causa de la independencia definitiva, el joven Simón Bolívar lanzó su famosa pregunta: "¿Trescientos años de calma, no bastan?". En la mañana de ese 5 de julio, después de la culminación de los debates, la votación y el recuento de los votos, quedaba proclamada la Independencia absoluta. De acuerdo con los testimonios de la época, luego de la proclamación, una manifestación espontánea encabezada por Francisco de Miranda, acompañado por miembros de la Sociedad Patriótica y del pueblo, recorrió las calles de la ciudad, ondeando banderas y gritando consignas acerca de la libertad. El aspecto más novedoso de la Constitución de 1811 es que disponía que el texto final debía ser presentado a las provincias para ser ratificado por el pueblo, lo cual no pudo cumplirse por efectos de la guerra; es importante destacar que ninguna otra Constitución venezolana fue planificada para ser presentada al pueblo para su ratificación, hasta la del año 1999.

El 5 de julio no sólo constituyó la proclamación de la Independencia de Venezuela, sino que se constituyó en el inicio de las hostilidades contra el Imperio español en todo el mundo hispanoamericano, episodio que duraría casi 15 años y que tendría como conclusión el reconocimiento de las soberanías nacionales por parte de la Metrópoli. Sin embargo, durante lo que restó del siglo XIX, Venezuela estuvo inmersa en escarceos más grandes o más pequeños, que impidieron planificar y llevar a cabo la construcción soberana de una República independiente. El Estado ocupaba sus fuerzas en ganar o perder conflictos fraternos por el poder, que resultaban todos en victorias pírricas, que en realidad redundaban en enormes pérdidas económicas para la Nación. Las turbas de turno eran arrasadas con armas, que se compraban contratando empréstitos cada vez más onerosos para el país, pero que enriquecían a los gobernantes del momento con el negocio de la guerra, mientras arruinaban el de la tierra.

Es así como recibimos el siglo XX, con uno de los momentos más vergonzosos de nuestra historia patria. En 1902, la mayor escuadra de guerra del planeta, la británica, apoyada por otra de las más grandes, la alemana, bloqueaban nuestras costas, bombardeaban pueblos aduaneros y hundían la armada venezolana, miserable e inerme como el país entero, con la justificación de cobrar las deudas con ellos contraídas durante el siglo que acababa de terminar. Venezuela, una nación completamente depauperada, que había sido víctima de la avaricia sin límite del industrialismo europeo y de la política expansionista en franco desarrollo de la Nación del Norte, se vio obligada a firmar en Washington los Tratados de la ignominia, en los que se estableció como jurisprudencia que los intereses económicos de las grandes potencias del mundo estaban por encima de toda nuestra legalidad y de nuestra soberanía. América Latina se debatió entre protestar la injusticia y la ilegalidad de estas acciones y “poner sus bardas en remojo”, lo que terminó haciendo, empujando así al Continente entero por la senda de la obediencia más servil hacia los grandes capitales del mundo occidental.

La Doctrina Drago, que fue la única protesta formal llevada a cabo por país alguno en el Continente, expuesta en la III Reunión Panamericana, planteaba que ningún país extranjero podría cobrar a sangre deuda alguna que tuvieran los países latinoamericanos, so pena de ser defendidos por los Estados Unidos, que debería obligarse a aplicar la Doctrina Monroe. Sin embargo, los Estados Unidos contra-argumentaron con la presentación de la Propuesta Porter, que planteaba básicamente dos cosas: 1) que esa propuesta no se discutiera en esa instancia, sino que se pusiera a dormir hasta llevarla a La Haya; y 2) que los Estados Unidos convenía en hacer en otros casos lo que había hecho en el caso venezolano, que consistía en arbitrar una solución, si el país deudor se comprometía a aceptar sus designios. La Propuesta Porter se convirtió en la introducción del “Corolario Roosevelt”, que planteaba que si un país latino-americano situado bajo la influencia de los Estados Unidos amenazaba o ponía en peligro los derechos o propiedades de estadounidenses, el gobierno de Estados Unidos estaría obligado a intervenir en los asuntos internos del país "desquiciado" para reordenarlo, restableciendo los derechos y el patrimonio de su ciudadanía y sus empresas. Esta doctrina supuso, en realidad, una carta blanca para la intervención de Estados Unidos en América Latina y de hecho marcaba el inicio del neocolonialismo, que acarreó la renuncia de la independencia y de la soberanía de nuestros países, a menos de un siglo después de haber iniciado las luchas por lograrlas. A esto siguió un siglo entero de intervenciones norteamericanas a lo largo y ancho del territorio latinoamericano, con el fin de deponer a los gobiernos nacionalistas e imponer gobiernos cipayos, que permitieran los abusos de los intereses norteamericanos.

En 1998 cuando el Comandante Hugo Chávez ganó sus primeras elecciones como Presidente de Venezuela, toda el área latinoamericana venía siendo víctima desde hacía 20 años, de la virulencia del azote neoliberal, que a través de los designios de las empresas transnacionales y de los organismos multilaterales, insistían en “el fin de la historia” y por lo tanto, en el triunfo irreductible de la globalización del imperialismo sobre nuestra independencia. Después de convocada la Asamblea Constituyente en 1999, la recién redactada Constitución Nacional fue sometida a una consulta electoral directa y secreta, en la que algo más del 70% de la población venezolana votó su aprobación, en un hecho que marcaría el inicio de un nuevo significado de las categorías Independencia y Soberanía para todo el Continente latinoamericano.

Una de las incorporaciones más importantes en la Constitución de 1999 fue la definición de nuestro sistema político como un Estado Social de Justicia y de Derecho y como una Democracia Participativa y Protagónica. Para lograr que esas definiciones sean realidad, tenemos que recuperar la soberanía económica, la soberanía política y la soberanía cultural. Ello pasa en primer lugar, por renacionalizar nuestras industrias básicas, nuestros monopolios naturales. En segundo lugar, reestructurar las instituciones del Estado, para convertirlo en eficiente y eficaz. En tercer lugar, construir hombres y mujeres nuevas, saldando la enorme deuda social atrasada, proveyéndoles de alimentación balanceada, hogares dignos, educación completa y salud oportuna. En función de eso se crearon las Misiones, que han logrado empujar el aparato burocrático del Estado, para que marche a una velocidad más cercana a la que reclaman nuestras nuevas organizaciones sociales, que fueron en realidad las que dieron a luz nuestra Revolución.

El otro gran cambio que propone nuestra nueva Constitución es el de trazar una nueva política estratégica internacional que tenga como norte la integración, la cooperación, la solidaridad y la justicia social, en vez de la competencia, que es la política que rige la hegemonía imperial. Debemos lograr una colaboración efectiva con nuestros vecinos, que son nuestros hermanos, que somos nosotros mismos. Porque está claro que recuperar nuestra Soberanía pasa por contribuir a que los pueblos hermanos recuperen la suya, para poder actuar en bloque contra el Imperialismo, que nos mantiene subyugados económica, política y culturalmente.

Es por eso que el 5 de julio es una fecha tan importante en nuestro país. Porque nos recuerda que hay una gesta que aún es menester llevar a feliz término. Y esa gesta es la independencia total de cualquier potencia y la unión de la Gran Nación Suramericana, Nuestra América, la América mestiza, orgullosa de sí misma y hermanada en una misión de solidaridad, cooperación y justicia social.

¿Que si hay algo que proteger?

¿Que si hay algo que proteger?
Los niños

Las mujeres

Los animales