lunes, 16 de julio de 2012

El alma social


Arcoiris en Baños, Tungurahua, Ecuador


Hasta hace muy poco los bebés humanos nacían con los ojos cerrados y como los perros, tardaban algunos días en abrirlos e incluso algunos meses en fijar la atención. En la actualidad los niños nacen con los ojos abiertos y adquieren la capacidad de fijar la mirada en objetos externos a los muy pocos días de nacidos; es probable que empiecen a escuchar, gustar y oler antes de lo que había sido usual también. Esto significa que la genética del cuerpo humano está consolidando una mutación con el fin de lograr que las sensaciones se empiecen a suceder cada vez de forma más precoz, lo que supondría que los recuerdos que dan las sensaciones empiezan a pasar más pronto con cada generación.

De la misma forma, es evidente que los recuerdos no son productos planos u objetivos; los recuerdos dependen de la posibilidad de la persona de tener sensaciones de un tipo o de otro. No será igual el recuerdo de un elefante que tenga una persona que haya visto uno al de la persona que no tenga posibilidad de verlo; aún más, el recuerdo del mismo elefante visto por dos personas no será el mismo, porque no tienen la misma posición en el momento en que lo ven, la luz incide en forma distinta sobre distintos puntos de vista, la posición del animal será distinta dependiendo de la ubicación del observador, la bioquímica del cuerpo tiene diferentes niveles de desempeño según la alimentación, el ejercicio, etc. Hay infinitos factores por los cuales dos personas que supuestamente tengan la misma experiencia tienen diferentes recuerdos.

Además el grupo del que se aprende los primeros conceptos es la Familia, después están los vecinos, la escuela, el trabajo, etc. Pero con la globalización de las comunicaciones los grupos a los que una persona pertenece son cada vez más diversos cada vez más pronto. Para las generaciones que formaron sus primeros recuerdos hasta la primera mitad del siglo XX por ejemplo, el paso de la relación con la familia a la relación con los vecinos era de varios años; las generaciones que se criaron en los últimos cincuenta años del siglo tuvieron la oportunidad de relacionarse desde muy pronto con gente desconocida a través de los incipientes “medios de comunicación”; pero las generaciones que están desarrollándose a partir de los primeros años del siglo XXI tienen familiaridad con todo el planeta como con su familia a través de INTERNET desde que apenas empiezan a desarrollar la motricidad.

Si la conciencia tiene como componente fundamental las experiencias, que en interrelación constante conforman en todo momento un sistema de lógica difusa con el que la persona aborda cada circunstancia que enfrenta. Y las experiencias son conformadas por recuerdos o elaboraciones que se forman a partir de lo captado a través de los sentidos, es decir, las sensaciones físicas de las cosas materiales, en conjunción con los conceptos aprendidos en la comunicación con el grupo social en que la persona se desarrolla. Entonces se podría concluir que es allí donde se encuentra la esencia de cada ser humano, el alma o espíritu, que sería el resultado de la acumulación de procesos bioquímicos que se producen en el cuerpo humano desde algún momento (por ahora indeterminado) y que con el tiempo se convierten en su personalidad.

Ahora bien, si la personalidad o el alma se están configurando más precozmente en cada generación, también debería estar sucediendo más temprano la toma de conciencia social, que implica el conocimiento colectivo de que la estructura económica determina la conciencia social a través de la superestructura jurídico-política, que a su vez garantiza la reproducción de la estructura del mundo material. Tal es así que las medidas que los dueños de los grandes capitales solían aplicar en la búsqueda de la reconcentración de los capitales mundiales con protestas bien focalizadas y fácilmente controlables tienen consecuencias cada vez más traumáticas porque la ideología tiene cada vez menos efectividad.

Los aparatos ideológicos que hasta hace muy poco hicieron con bastante efectividad el trabajo de dominación de la infraestructura, hoy en día les cuesta bastante hacer su trabajo con mediana efectividad, porque están muy dañados en su credibilidad: las iglesias y los medios de comunicación cada día son desenmascarados en todas partes como simples medios de ideologización; la escuela que siempre fue un medio de ideología para minorías excluye cada vez a más gente, lo que la convierte en altamente ineficaz; las leyes están cada vez más expuestas al escarnio público debido a las diferencias evidentes que surgen en la aplicación de ellas, dependiendo del poder económico que tenga la persona a la que se le va a aplicar una determinada ley.

Por todo eso, es posible que este sea el peor momento del capitalismo. Por todas partes hay gente dándose cuenta individualmente y colectivamente del mecanismo perverso de funcionamiento del sistema; medios de difusión -hechos para esparcir la ideología- dejando colar información privada de los dueños de los grandes capitales; y pueblos enteros preparándose para resistir durante 500 años más y con ganas de “vivir bien” y de rescatar la Pacha Mama.

Pero eso no significa que los capitalistas se van a quedar en sus camas y darse por vencidos. El sistema se está preparando para luchar; si no es “por la razón” será “por la fuerza” dice con cada movimiento de las tenazas. Producirá más bombas, matará más gente, taladrará más tierra en busca de diamantes, destruirá más árboles, acabará con el agua y los animales. Si al final no queda nadie, no se podrá decir que ha perdido.

Estamos en guerra, aunque la afirmación sea muy poco misericordiosa. El enemigo es gigantesco y horrorosamente cruel; pero tenemos una ventaja: somos muchos. La estrategia: habrá que ser portentosamente inteligentes … y conscientes.

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