martes, 23 de marzo de 2010

Vuelta de nuevo!!!


Me volví a perder y volví a volver!! Este blog es como algunos restaurantes españoles: funcionan solo en verano. Este mundo virtual me divierte mucho, pero la verdad es que me he dado cuenta que la vida electrónica me deja con ganas de salir al mundo de verdad a hacer cosas de verdad.

Mi vida ha estado siempre marcada por las lecturas. Estaba muy pequeña cuando leí “Memorias de Mamá Blanca” y desde ese momento me di cuenta que soy completamente caraqueña; son esas cosas pequeñas con las que te identificas, pero que no puedes describir dónde aprendiste ni quién te enseñó, porque son la parte cultural de tu carga genética: todas esas vivencias vinieron contigo. Hacer esas lecturas era como recordar algo que me había pasado: y era que estaba leyendo la historia que estaba escrita en mi misma.

Y así me pasó con la primera vez que leí “Pobre Negro” y por fin, con la primera vez que leí “Doña Bárbara”. Fue recordar en vez de conocer.

El año pasado, me dediqué a ser campesina. Sembré, regué, cargué matas, les hablé y las vi luchar contra la inusual sequía que nos azotó; vi bandadas de pericos escandalosos jugando hasta el atardecer; contemplé pájaros carpinteros tratando de hacer con sus picos huecos que después no ocuparon; me reí cuando mis perras persiguieron desde tierra a los zamuros que huían en el aire; aprendí que en el campo la vida tiene sus ciclos y que si no sabes cómo son, no logras nada. Aprendí a no desesperar, a ahorrar, a mirar, a estar.

Pero en realidad no aprendí; lo que hice fue recordar. Recordé que la tierra es de donde venimos, que el agua es lo único que somos y que las cosas que hacemos son tan pasajeras como nuestra vida.

Cuando vuelva a llover, recordaré de nuevo el olor de tierra mojada.

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