jueves, 15 de abril de 2010

Abril bicentenario y revolucionario


Hace 200 años, el 19 de abril fue “jueves santo”. Cuando el jefe de la Capitanía General de Venezuela Vicente Emparan se encaminaba hacia la Catedral de Caracas para asistir a la ceremonia religiosa correspondiente a la efeméride, fue instado por algunos notables de la ciudad a volver sus pasos hacia el Cabildo, a fin de que dimitiera de su cargo, para ser conformada una Junta de Gobierno independiente del mando de España, que en ese momento estaba siendo sometida por Francia.

A diferencia de los anglosajones que entendieron a tiempo que había llegado el momento de un radical golpe de timón que los llevaría a la industrialización y a una instancia superior de acumulación, la corona española se negaba a comprender que el desarrollo del capitalismo era impostergable y que la ceguera ante el paso de la historia habría de terminar por dar al traste con el más vasto imperio de ese momento.

Es verdad que en 1808 la Junta que sustituyó en el mando al Rey de España declaró que a partir de ese momento las colonias americanas serían consideradas provincias de España con los mismos derechos que las demás; ese solo hecho demostraba que el rey o sus sustitutos estaban tratando de negociar –in extremis- el apoyo irrestricto a la nación española, a cambio de la satisfacción de una necesidad que venía creciendo desde hacía mucho tiempo y que la metrópoli no había sido capaz de entender. Pero ya era tarde; para ese momento toda América hispana empezaba a convulsionar.

Ahora bien, que los protagonistas del “19 de abril” fueran los hombres prominentes de la Capitanía General, que clamaban por el avance capitalista de sus naciones es solo una parte de la historia. Porque no tiene seriedad alguna un análisis científico que no tome en cuenta las revueltas de pardos, de indios y de negros que había por todo el continente, que era otra de las demostraciones de progreso de las sociedades americanas, que no solo ansiaban transformarse desde el punto de vista económico sino también desde el punto de vista social. América hispana estaba ya preparada para defender la bandera de los derechos humanos, incluso antes que muchos estado-nación de lo que se conocía como la Europa culta.

A la vista de la hasta ahora historia oficial, tanto el “19 de abril” como las revueltas populares fueron espasmos casuísticos, los primeros de apoyo a la monarquía española y al status quo, las segundas tímidas asonadas particulares que instaron a que personajes megalómanos como Bolívar y San Martín se obsesionaran con la guerra, justificándose con las ideas de Independencia. Sin embargo, no es científicamente sostenible la afirmación de que los hechos históricos no tienen concatenación causal unos con otros y que las sacudidas históricas se deben al azar o a la planificación en solitario de uno ó máximo de varios hombres, que siendo excepcionales, han logrado que la historia cambie en un solo segundo, independientemente de los pueblos y de la misma historia.

Así, aunque los historiadores hasta ahora hayan tratado de argumentar que todos los movimientos que iniciaron la independencia en el Continente no fueron otra cosa que demostraciones de apoyo a Fernando VII, cualquier análisis del contexto geopolítico de la época resulta en el planteamiento de que los notables del 19 de abril se dieron cuenta, más temprano que tarde, de que sin el apoyo popular no tendrían ejércitos para luchar contra las huestes españolas, por lo que oyeron las peticiones del pueblo y prometieron hacerlas realidad.

La traición posterior a esos reclamos populares es la causa de que hasta ahora solo hayamos sido un atajo de pueblos divididos, subyugados y pobres. Pero es seguro que la mayor cantidad de actores de los hechos del “19 de abril” la aportó el pueblo, el mismo pueblo que después formó parte del ejército de descontentos que lideró Boves, hecho que eventualmente convenció a Bolívar de que las revoluciones solo son posibles con los pueblos y por ellos.

Y así como en febrero en Venezuela celebramos nuestro grito de alerta porque la historia siga su curso de avance hacia la justicia social, este abril para la historia de Venezuela es un mes glorioso, no solo porque este año celebramos doscientos años de la primera decisión del pueblo venezolano de conquistar su soberanía, sino porque hace ocho años, casi dos siglos después de aquella primera voz de transformación, el pueblo venezolano alzó su voz y dejó claro que los ejércitos son los pueblos en armas y que solo los pueblos hacen las revoluciones.

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