jueves, 22 de abril de 2010

Barcelona


Esto lo escribí cuando tenía 16 años. Se lo hice a la calle donde crecí.

BARCELONA

El monte tupido crece, crece y sigue creciendo y con su crecer de maleza y de paja, se lleva poco a poco la amistad de niños que ya no son niños.
La amistad de niños que hace mucho tiempo dejaron de serlo.
La amistad de niños que prontamente, demasiado, se convirtieron en adultos.

Hace tiempo ya se dejaron de juegos pueriles, los cuales nunca terminaban, nunca comenzaban, dejaban por la mitad y volvían a iniciar siempre.
Ahora ya no juegan mas, son adultos.
Sienten que casi no han vivido, no por completo.
Esa etapa que deberían haber superado sigue en sus mentes como una frustración de infancia.

Pero ella nunca da una segunda oportunidad.
Da chances, la gente pasa por ellos o al lado de ellos.
Los vive o no, los aprovecha o no.
No importa.
Como un autobús en automático, sigue la vida.
Y al final, los niños, que ya no son jóvenes, se preguntan:
¿tendremos ahora juegos seniles?.
Pero ella nunca da una segunda oportunidad.

1980

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