lunes, 19 de abril de 2010

Sueño que yo no sueño


Como ya estoy muuuyyy cerca de la edad en que uno pierde totalmente el sentido del ridículo y puesta en esto de bajarle 2 a la intensidad, aquí hay otro de esos poemas viejos. Este es de 1997 y creo que es el último que escribí, porque es bastante improbable que escriba otro poema algún día.

SUEÑO QUE YO NO SUEÑO

Cuando se sueña y despierta
uno no se pregunta
¿por qué esto no continúa
por qué fue que se paró?.
Y es que nadie se espera
que los sueños duren tanto
o que sean más que eso,
una pura ensoñación.

Cuando se sueña seguido
se tiene la sensación
de haber estado en vigilia
que alguien de pronto cortó.
Es igual sentimiento
que el que está bien despierto,
como si fuera un recuerdo
de algo que nunca pasó.

Cuando se sueña bonito
abres los ojos, sientes
un bienestar malherido,
una pena que marcó
la fractura inocente
de ese seguro futuro
que quisieras asir y no
puedes porque ya voló.

Si soñaste pesadillas
querías despertar pronto
pero una bruma muy rara
paralizó tu vida,
el sobresalto dice
que aunque aquello haya dolido
nunca se partió una nada
todo sigue en su esquina.

Entonces me preguntaba:
¿por qué esa cosa bella,
por qué dicha maravilla,
ese sueño de los dos
deveniría en burla,
en una muy mala actuación,
en una telenovela,
perdería el corazón?

Son tristes las despedidas
si se pretende guardar
eternamente lo bello
de aquello que se vivió,
sin darnos mucha cuenta
que la vida que fue plena
lograremos conservarla
solo muerta, en alcohol.

Y deberíamos aprender
de ese inmenso poeta
con su monólogo serio
que en nuestra lengua cantó,
diciendo sabiamente
que “el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.”

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