sábado, 17 de abril de 2010

La Ideología Alemana


Después del golpe de timón en la dirección de las políticas económicas en la URSS, durante los años ochenta del siglo veinte y con la “caída del Muro de Berlín”, los exégetas del marxismo quebraron copas y chillaron enardecidos, brindando por el fracaso del comunismo. Tenían razón los Chicago Boys: el “dios mercado” triunfaría después de todo; ¡el comunismo por fin ha muerto, viva el neoliberalismo!.

En el primer momento, los teóricos marxistas no decían nada; los comunistas del mundo nos quedamos perplejos; nadie sabía explicar qué había pasado, no salíamos de nuestro asombro. El marxismo, como una moda cualquiera, dejó de ser llevado. Ya no se reeditaban más textos marxianos ni marxistas, ya no se hacía cursos sobre marxismo, porque no había marxólogos que los dieran. Durante algunos años, aquellos que hablaban de marxismo, fueron tachados de cadáveres insepultos.

Afortunadamente ese primer efecto del golpe duró muy poco. Muy pronto los teóricos se dieron cuenta, que llevados por la costumbre de los estudios de los estudios, se había dejado de leer a Marx. Los manuales de la Academia, las obras de Lenin, de Trotsky, de Gramsci, de Mao, del Che, se habían convertido en la fuente de toda praxis marxista, más que las fuentes primarias. La obra misma de Marx y Engels había quedado como referencia meramente literaria, en una historia de la filosofía, que seguía sin disposición a transformar nada.

Y afortunadamente digo, el shock de los primeros momentos duró muy poco, porque la reacción no se hizo esperar. Por un lado, la vuelta al estudio de los textos marxistas en el mundo, provocó una ola de análisis de la obra de Marx, que ha dado un vuelco a las interpretaciones que sobre el marxismo había en el mundo. Por otro lado, el corte de cuenta histórico que significó la muerte de la URSS, ha permitido la inusual licencia, de poner la historia inmediata en perspectiva, para analizar científicamente los procesos que realmente sucedieron.

Cuando los socialistas rusos empezaron a pensar en la posibilidad de llevar a cabo la revolución, en Rusia no estaban dadas las condiciones para el paso al comunismo. A diferencia de otros países europeos, en los que las industrias estaban ya altamente tecnificadas, en la Rusia de principios del siglo pasado no había industrias. Después de ochenta años de la aplicación intensiva de unas políticas económicas supuestamente socialistas, con lo cual podemos estar de acuerdo o no, es innegable que la nueva Rusia es una nación, esta sí, capitalista, industrializada, con sus fuerzas productivas altamente desarrolladas.

Ahora bien, por otro lado, el desarrollo ingente del capitalismo en este último siglo, nos ha ubicado justamente en el ojo del huracán de la historia, en la primera fila del proceso revolucionario, que está llevando inevitablemente a la humanidad al fin de su prehistoria: al comunismo. Y esto tiene, para los historiadores intelectualmente honestos, sus indicios en la evolución de los procesos económicos que se han dado en el mundo. Y es precisamente por esto que es el momento necesario para la relectura de LA IDEOLOGÍA ALEMANA.

Para la lectura de La Ideología Alemana debe tenerse en cuenta que aunque fue escrita entre los años 1845 y 1846, no fue publicada por primera vez sino en 1932, mucho después de la muerte de Marx y Engels, e inclusive después de la muerte de Lenin, con quien tuvieron alguna correspondencia en la que se trató el tema de la posibilidad de la Revolución Rusa.

El manuscrito de "La Ideología Alemana" de Marx y Engels constaba de dos tomos, el primero de los cuales contenía la crítica de la filosofía posthegeliana, y el segundo, la crítica del «socialismo verdadero». Pero el texto estuvo perdido casi por un siglo, siendo pasto de los ratones, tiempo que hizo su efecto, ya que lo que conocemos es un manuscrito incompleto, complicado de interpretar y difícil de publicar. Mehring, el primer gran biógrafo de Marx, dice de él que:
“Marx publicó en las páginas de esta revista (Westfalisches Dampfboot) el único fragmento de la segunda parte de la ‘Ideología Alemana’ que hasta hoy ha visto luz”.

Con lo cual lo que usualmente se ha publicado como LA IDEOLOGÍA ALEMANA es lo que los autores llamaban el primer tomo, que constituye la crítica de la filosofía posthegeliana, porque “la crítica del socialismo verdadero”, que es lo que estaba planificado como el segundo tomo de este texto, fue publicado por partes en revistas y folletos. Pero sobre todo, fue profundizado en su reflexión en la Crítica de la Crítica Crítica, que por razones editoriales fue llamada La Sagrada Familia, ésta si publicada en el mismo 1846.

Y con respecto a este primer tomo, hay que destacar que la mayoría de los marxólogos están de acuerdo en que su primer capítulo, denominado “Feuerbach”, puede ser leído con independencia de todo lo demás, porque es lo que realmente contiene lo sustancial de la teoría sobre el funcionamiento del capitalismo y la propuesta de Marx para su superación, por lo que es el más importante de todos y usualmente se ha considerado que tiene significado independiente. El manuscrito del primer capítulo consta de tres partes en borrador y dos, pasadas en limpio, del comienzo del mismo. Los otros dos capítulos del primer tomo son críticas a los filósofos posthegelianos más que a la filosofía misma de la época.

Aún cuando sea una obra de la enardecida juventud, considerada como un texto poco trabajado, en ella desplegaron por primera vez en todos los aspectos la concepción materialista de la historia. Y en un discurso encendido, que pone en evidencia las batallas políticas que se libraban en la Europa de ese momento, Marx hace en esta obra dos planteamientos que nos son sumamente necesarios en la discusión de la Venezuela actual. Uno es que las revoluciones sociales que había habido hasta ese momento, no han sido lo suficientemente profundas, como para dar el paso completo de eliminar el trabajo asalariado y por tanto, la plusvalía, que al final causa todas las miserias que sufre la humanidad. Y el otro es que las revoluciones no se hacen de un día para otro, que llevan tiempo, y que el comunismo es lo que puede lograr esa hazaña, que por ahora no ha sido posible.

Y digo que son dos premisas sumamente necesarias para la discusión sobre nuestra revolución, porque no debemos perder de vista la consideración de que siendo constantemente bombardeados por los medios de divulgación ideológica del imperio, que no hacen sino tratar de reproducir en nuestras mentes la necesidad de seguir al pie de la letra los modelos de vida que ellos nos presentan, aún los marxistas con conciencia revolucionaria estamos en peligro de perdernos en la circunstancia que nos impone el imperio, si dejamos de ver la historia en perspectiva y no tenemos lo estratégico siempre en la mira.

Y nuestra meta estratégica es la justicia social, el comunismo.

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